¿Recuerdas esa sensación de jugar por horas sin mirar el reloj, de convertir una caja en un castillo o un lápiz en una varita mágica? ¿Recuerdas cuando todo era posible, cuando no tenías que ser perfecto ni productivo, solo estar, sentir, imaginar, reírte hasta que te doliera la panza? Esa parte de ti sigue viva. Tal vez se ha quedado callada por años, esperando que la vuelvas a invitar a salir. Esa es la voz de tu niño creativo… y ha llegado el momento de reencontrarte con él.
![]() |
| Photo by viswaprem anbarasapandian on Unsplash |
La vida adulta nos enseña a ser serios, a medir el tiempo, a producir, a planear, a “ser alguien”. Y sin darnos cuenta, vamos dejando atrás esa chispa que nos hacía únicos. Pero la creatividad no es solo pintar o escribir; es una forma de mirar la vida con asombro, de resolver con imaginación, de jugar con lo que hay. Es una energía vital que vive en todos, aunque esté dormida. Y lo mágico es que al reconectar con ella, también sanamos.
Hay una parte de ti que necesita volver a jugar. No por obligación, no para mejorar, no para mostrarlo en redes. Solo por el simple, poderoso y sanador acto de ser. Jugar como cuando eras niño. Sin filtros. Sin juicios. Sin miedo a hacer el ridículo. Porque cuando juegas, tu alma respira.
Tu niño interior está lleno de ideas, colores, mundos imaginarios y posibilidades infinitas. Solo que a veces, en medio del ruido adulto, se nos olvida escucharlo. Por eso hoy quiero invitarte a hacer un pequeño viaje hacia dentro. Un viaje a través de la risa, de lo espontáneo, de lo absurdo, de lo que no tiene explicación pero que te hace sentir libre.
¿Y cómo se empieza? Con pequeños actos. Quizá bailar en tu casa con esa canción que te pone de buenas, sin pensar si lo haces bien o mal. Quizá tomar crayones y hacer garabatos sin sentido. Tal vez ver una película animada solo porque sí. Jugar con un niño. Imitar voces. Escribir un cuento tonto. Saltar en la cama. Disfrazarte sin motivo. Cantar en la ducha. Cocinar inventando una historia. Todo eso es medicina.
Tu niño creativo no necesita grandes escenarios. Solo necesita permiso. El permiso de dejar de tomarte tan en serio. El permiso de equivocarte. De hacer cosas solo porque te hacen feliz. El permiso de volver a soñar. Porque, aunque hoy te parezca lejano, ese niño que creaba mundos sigue esperando que vuelvas por él.
Y es que sanar también es volver a reírte sin culpa. Es hacer espacio para la belleza, para lo inútil, para lo mágico. Sanar no siempre es llorar… muchas veces es simplemente reír con el alma. Reír sin razón. Reír con otros. Reír contigo.
Piensa por un momento: ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo porque sí? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste una tontería deliciosa, algo que no sirviera para nada más que para divertirte? ¿Cuándo fue la última vez que sentiste esa libertad total?
Ahí, en esos momentos, estás sanando. Porque cada carcajada auténtica rompe una cadena. Cada acto de juego desarma una herida. Cada momento de creatividad reconecta con la parte de ti que nunca fue rota, la que siempre fue libre.
Tu niño interior no quiere que seas perfecto. Quiere que seas tú. Que dejes espacio para lo inesperado. Que te ensucies las manos. Que hagas cosas solo porque se sienten bien. Que mires el cielo y veas dragones, que hables con tu mascota como si entendiera todo, que inventes canciones tontas mientras cocinas. Que vivas más desde el corazón y menos desde el deber.
Y si un día sientes que el mundo es demasiado, que todo pesa… entonces busca algo pequeño que despierte tu magia. Mira una foto tuya de pequeño y pregúntate: ¿qué le haría reír? ¿qué le haría sentirse libre? Y hazlo. Aunque sea solo por cinco minutos. Porque ese niño sigue ahí, y solo quiere una cosa: que vuelvas a jugar con él.
No necesitas ser artista para ser creativo. Solo necesitas abrirte a lo nuevo, lo absurdo, lo auténtico. Porque en ese espacio sin juicios, sin metas, sin filtros, aparece la verdad de tu alma. Y esa verdad es luminosa, es alegre, es salvaje. Y siempre ha estado dentro de ti.
Tu niño creativo es tu fuente de vida, de alegría, de autenticidad. No lo abandones. Vuelve a él. Permítete ser libre otra vez. Porque cuando vuelves a jugar, vuelves a casa.
"Volver a jugar es volver a ti. Ahí donde habita tu alma libre, tu verdad más pura y tu magia más luminosa."

Lectura amena, cristalina para entender. Leyendo este artículo me dí cuenta que no sé cuántos años hace que no traigo a mi vida adulta a ni niña interior y creativa. Me di cuenta que estoy muy ocupada con el adulto que despierta conmigo cada día. La vida en éstos tiempos es exigente, demandante que si no paras a pensar te consume y arrastrara a las profundidades de las preocupaciones.
ResponderBorrarGracias, al leerte me ayudasre a parar para jugar y descansar un poco con mi niña creativa.
Hola! Me da mucho gusto que te haya ayudado este artículo, lo comparto con mucho gusto y me encanta que alguien se sienta inspirad@ y empoderad@ con la lectura. Es verdad que a veces estamos tan presionados por los deberes del día a día, que no nos damos el permiso de volver a mirar hacia adentro, al niñ@ que vive en cada uno de nosotr@s, nos deberíamos de dar el permiso de equivocarnos y no ser tan pereccionistas pues al hacerlo nos perdemos de las cosas maravillosas que tiene la vida y perdemos nuestra esencia, muchas gracias por leerme! Sí crees que este artículo le pueda servir a alguien más, lo puedes compartir, que tengas un excelente día!!!
Borrar